El mensaje del tercer angel 1893 .pdf | ADVENTISTA GO

El mensaje del tercer angel 1893 .pdf

El Mensaje del Tercer Ángel – Nº 1

Pastor A. T. Jones 

Impreso en el Boletín Diario de la Conferencia General, 27 de enero de 1893, pp. 5-12.

Al iniciar nuestro estudio creo que será bueno dedicar esta hora a considerar el motivo por el que nos hemos reunido y la manera en que podemos resultar beneficiados. Supongo que la expectativa general es oír cosas en las que nunca antes se había pensado, y no sólo oírlas, sino aprenderlas. Es relativamente fácil oír cosas en las que nunca antes se había pensado, pero no siempre es fácil aprender de lo que oímos. De hecho, lo que realmente esperamos es que el Señor nos dé nuevas revelaciones de sí mismo, de su palabra y de sus caminos. Eso es lo que yo espero.

Este texto contiene un buen consejo para todos nosotros: “De cierto os digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Mar. 10:15). Así es como venimos a aprender acerca del reino de Dios, a recibir las cosas de ese reino, cosas nuevas y antiguas, cosas antiguas en una nueva luz, y cosas nuevas en una nueva luz. Quien no las reciba como un niño no entrará en ese reino, no las podrá obtener. Así, nuestra actitud al venir aquí es la de sentarnos a los pies de Cristo, verlo como a nuestro instructor y esperar recibir de él lo que tiene que decirnos, con la actitud de un niñito. El texto citado no es el único que nos habla acerca de los que recibirán el reino de Dios; en Mateo está expresado de forma que cubra todo el tiempo desde que recibimos por vez primera el reino de Dios. “En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mat. 18:1-3).

Si alguien cree que el primer texto se aplica a cualquiera que recibe el reino de Dios por vez primera y admite que sólo puede recibir la verdad tal como lo hace un niño, confesando que no conoce nada por él mismo y que no puede por sí mismo llegar a ese conocimiento, el segundo versículo le demostrará que el asunto va más allá que eso: que sigue siendo cierto incluso después que hemos recibido el reino de Dios. A fin de convertirnos, hemos de hacernos como niñitos y recibir el reino de Dios como tales, confesando que no conocemos nada por nosotros mismos ni hay sabiduría en nosotros. No es nuestra propia sabiduría la que nos lo puede aclarar ni abrir el camino por el que lleguemos a comprenderlo tal cual es. Debemos abandonar toda nuestra sabiduría a fin de obtener ese conocimiento, y al convertirnos hemos de llegar a ser como niñitos. “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. ¿Cuál es el tipo de niño que se menciona? –Un niño pequeño. Los niños menores no suelen sentirse orgullosos de sus propias opiniones. Los más mayores no tienen tanta facilidad para aprender. La ilustración provee un modelo y ejemplo de cómo debemos abordar la palabra de Dios a fin de aprender.

Hay otro versículo que nos enseña lo mismo, pero quizá aun con mayor fuerza. “Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debería saberlo” (1 Cor. 8:2). ¿A cuántos se aplica? –A cada “alguno”; a todos los que estamos aquí. ¿Es posible que se esté refiriendo a todos y cada uno de los aquí reunidos? –Así es. ¿Cuánto es necesario que alguien imagine saber, para que se le pueda aplicar? –Es suficiente con “algo”. ¿Se aplica, por lo tanto, a cualquier grado y categoría de conocimiento? –Ciertamente. Veis que el texto se aplica a todos, y a todo lo que sea posible saber. Si alguno de nosotros piensa que sabe algo, ¿cuánto sabe? –No sabe nada, de la forma en que debiera saberlo.

¿Estáis dispuestos a admitir que es así? Haced vuestro el pensamiento. Si vinisteis aquí pensando que sabíais algo, pensad que no lo sabéis de la forma en que debéis saberlo. ¿Vendremos al estudio con esa mentalidad? ¿Acudiremos todos mañana, pasado mañana y cada día que vengamos, con el convencimiento de que no sabemos nada de la forma en que debiéramos saberlo? En nada cambia si se trata del pastor más veterano entre nosotros; debe venir aceptando que no sabe nada de la forma en que debería saberlo. Entonces podrá decir: “Enséñame”. Así es como aprenderemos. Todo el que venga a esta casa con esa actitud, aprenderá algo en cada reunión; y esto también incluye al pastor más veterano entre nosotros: él aprenderá aún más que el resto de nosotros, si se sienta con esa mentalidad. Ahora, ¿por cuánto tiempo se aplica el texto?, ¿por cuánto tiempo seguirá siendo verdad lo que afirma?, ¿superaremos en estas reuniones ministeriales el período de vigencia del texto? –De ninguna manera. Queda establecido para todas las asambleas, por si hubiéramos pensado que sabíamos algo.

Hay ciertas cosas que creíamos saber bastante bien. Si tal fuera el caso, olvidadlo: no sabemos nada. Aprendemos más a partir de aquellos textos que conocemos mejor, los que nos son más familiares. No olvidéis eso. ¿Comprendéis que cuando alguien toma un texto o un pensamiento y tras haberlo estudiado por largo tiempo llega al convencimiento de que ha captado todo lo que contiene, se cierra en sí mismo? Cuando dice: ‘Ahora lo comprendo’, se priva de aprender lo que realmente hay en el texto.

El hermano Porter nos ha hablado en el estudio precedente del propósito de Dios de hacernos conocer esas cosas. ¿Qué tipo de propósito fue ese? Un “propósito eterno”. Y la Escritura es la expresión del pensamiento de Dios para nosotros, según ese propósito eterno. Es el medio por el que lleva a cabo, establece y da a conocer su propósito. ¿Qué tipo de propósito es? –Eterno. ¿Cuán profundos son sus pensamientos? ¿Cuál es el alcance de ese propósito? –Eterno. ¿Cuán profundos son entonces los pensamientos expresados en las Escrituras? –Eternos. ¿En cuántas expresiones de las Escrituras tiene el pensamiento una profundidad eterna?, ¿en cuántos pasajes? –En todos y cada uno de ellos. En consecuencia, ¿es necesaria la totalidad de las Escrituras para que el Señor nos pueda expresar lo que quiere decirnos acerca de su propósito eterno? –Así es. ¿Qué profundidad tiene el pensamiento en cada pasaje de las Escrituras y en las palabras empleadas para expresarlo? –Eterna. Por lo tanto, tan pronto como alguien capta alguno de esos pensamientos y cree que ya comprendió el texto, ¿cuán lejos está de ello?, ¿cuán lejos está de alcanzar el pensamiento que está realmente allí, en aquel pasaje? (Voz: tan lejos como su mente está de la mente de Dios). Cuando dice: ‘tengo la verdad, he captado la idea’, está cerrando su mente a la sabiduría y al conocimiento de Dios; se está poniendo a sí mismo y a su propia mente en el lugar de Dios y de los pensamientos divinos. El que hace así no puede continuar aprendiendo nada más. ¿No veis que en ese instante.

 
Descargar PDF:

Publicar un comentario

Tema Anterior Tema Siguiente