Un momento especial en la historia Los años del establecimiento de la obra Adventista del Séptimo Dí fueron uno de los momentos especiales en la historia. Pensamos en tres criterios para decir esto:
(1) Cuando se cumple una profecía importante. Generalmente un evento tal no se discierne amplia ni plenamente en ese momento. Por lo tanto, es particularmente importante y útil mirar hacia atrás retrospectivamente para comprender las dimensiones de la profecía: los mensajes que el Señor designó como verdad presente para ese período de la historia de la tierra.
(2) Cuando se coloca el fundamento de una obra especial que Dios desea hacer. Al comprender esos momentos es muy importante ver la forma en que se establecieron los pilares, las evidencias de la Escritura y los eventos providenciales que paso a paso guiaron a los “pioneros”, esos edificadores llamados para esa hora, para llegar a una convicción significativa y lógica en cuanto al mensaje y la misión entregada a ellos por Dios.
(3) Cuando ocurre una transición importante en el servicio del santuario real, anti-típico. Siendo que el camino de Dios “está en el santuario” (Sal. 77:13; en la KJV), es vital comprender y seguir por fe lo que él hace para manejar el problema del pecado. Algo que resulta especialmente útil es el paralelismo entre la transición importante que la precede y la transición correspondiente en el despertar adventista. Dios quiere que reflexionemos sobre lo que sucedió al pasar del atrio al lugar santo (del Calvario a la Ascensión), y cómo el pueblo piadoso de ese tiempo entendió mal lo que sucedió, y por ello experimentaron un chasco muy duro, pero finalmente llegaron a ver su lugar en el desarrollo del plan de Dios. Su experiencia ilumina la experiencia de los creyentes en 1844 y después, en la transición del Lugar Santo al Lugar Santísimo (de la Intercesión al Juicio Investigador). Vemos estos tres criterios en el período fundacional bosquejado en el informe del Hno. Loughborough. Deseamos captar y participar del mismo espíritu de aquellos que buscaron la verdad “como un tesoro escondido”, la encontraron, y se consagraron enteramente a su proclamación.para esa hora, para llegar a una convicción significativa y lógica en cuanto al mensaje y la misión entregada a ellos por Dios. (3) Cuando ocurre una transición importante en el servicio del santuario real, anti-típico. Siendo que el camino de Dios “está en el santuario” (Sal. 77:13; en la KJV), es vital comprender y seguir por fe lo que él hace para manejar el problema del pecado. Algo que resulta especialmente útil es el paralelismo entre la transición importante que la precede y la transición correspondiente en el despertar adventista. Dios quiere que reflexionemos sobre lo que sucedió al pasar del atrio al lugar santo (del Calvario a la Ascensión), y cómo el pueblo piadoso de ese tiempo entendió mal lo que sucedió, y por ello experimentaron un chasco muy duro, pero finalmente llegaron a ver su lugar en el desarrollo del plan de Dios. Su experiencia ilumina la experiencia de los creyentes en 1844 y después, en la transición del Lugar Santo al Lugar Santísimo (de la Intercesión al Juicio Investigador). Vemos estos tres criterios en el período fundacional bosquejado en el informe del Hno. Loughborough. Deseamos captar y participar del mismo espíritu de aquellos que buscaron la verdad “como un tesoro escondido”, la encontraron, y se consagraron enteramente a su proclamación.
Índice de Contenidos
Prefacio 7
Prefacio a la Edición de 1992 9
Capítulo 1 – Introductorio 17
Capítulo 2 – El Plan de Salvación Expuesto 33
Capítulo 3 – La Venida de la Simiente Prometida 49
Capítulo 4 – El Tiempo del Fin 67
Capítulo 5 – El Mensaje de la Segunda Venida 81
Capítulo 6 – El Mensaje y los Mensajeros 93
Capítulo 7 − El Rápido Avance del Mensaje 107
Capítulo 8 – La Cena de Bodas del Cordero 113
Capítulo 9 – La Demora 125
Capítulo 10 – El Clamor de Medianoche 135
Capítulo 11 – El Mensaje del Segundo Ángel 145
Capítulo 12 – El Chasco – El Libro Amargo 157
Capítulo 13 – Señales de la Conducción Divina 169
Capítulo 14 – La Puerta Cerrada 183
Capítulo 15 – Luz Creciente y Mayores Maravillas 201
Capítulo 16 – El Mensaje del Tercer Ángel 211
Capítulo 17 – La Verdad Avanzó Bajo Dificultades 227
Capítulo 18 – La Providencia de Dios en la Obra de Publicaciones 241
Capítulo 19 – “Por Sus Frutos los Conoceréis” 257
Capítulo 20 – Sacrificios en la Obra Temprana 267
Capítulo 21 – La Mano Guiadora en la Obra 277
6 | El Gran Movimiento Adventista
Capítulo 22 – La Organización 295
Capítulo 23 – Instituciones de Salud 307
Capítulo 24 – Cumplimiento de Otras Predicciones 323
Capítulo 25 – Instituciones Educacionales 335
Capítulo 26 – Nuestras Misiones Extranjeras 345
Capítulo 27 – Se Confirman Otros Testimonios 377
Capítulo 28 – Una Puerta que Nadie Puede Cerrar 393
Apéndice A – Alguna Experiencia Individual 403
Apéndice B – Resumen de Fechas 469
Apéndice C – Observaciones en 1992 a este libro 471
Cuando hablamos de la segunda venida de Cristo, estamos tocando un tema que en realidad ha sido la esperanza del pueblo de Dios desde la expulsión de nuestros primeros padres del huerto de Edén. En las palabras a la serpiente, que la simiente de la mujer aplastaría su cabeza, había una seguridad de que vendría el restaurador, que derrotaría las usurpaciones de Satanás, y realizaría el propósito de Dios en la tierra. La suposición es que Adán y Eva pensaron que esta tarea se realizaría muy pronto, y que un descendiente inmediato de ellos sería el vencedor. No obstante en el plan de Dios, la promesa del Salvador de la ruina aparente incluye todo lo que se ha desarrollado al llevar a cabo “el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”.1 Si se les hubiese dado a Adán y Eva una visión de la miseria y los males que llenarían el mundo durante las largas edades que intervienen entre su ruina y su restauración, su dolor había sido insoportable. El Dios del cielo, en su tierna misericordia y compasión, escondió esta visión de ellos, dejándolos acariciar la cara esperanza de ser restaurados pronto a la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Abrigar el pensamiento de que la redención estaba cerca, naturalmente los incitaría a un mayor fervor en su preparación para encontrarse con el evento. De la misma manera ha ocurrido con el pueblo de Dios en todas las generaciones desde los días de Adán. Estaban seguros de que un evento grande e importante ocurriría en algún momento futuro: que Cristo finalmente vendría y establecería su reino. Ellos también, al igual que Adán y Eva, creyeron que el evento estaba muy cerca, y como ellos, eran inconscientes de lo que pasaría entre su propio tiempo y el evento; de otro modo, podrían haberse desanimado al avanzar hacia la meta del premio. Este pensamiento puede ilustrarse por el uso de eventos ocurridos en camino a grandes descubrimientos. Los hombres que los originaron, aunque no se daban cuenta de ello, estaban realmente cumpliendo el propósito.
