¿Te has preguntado alguna vez cómo sería recibir una carta de un profeta? ¿Tendrías el valor de abrir el sobre y leer su contenido?
En este libro hay cartas que fueron escritas por inspiración
de Dios y que fueron dirigidas a jóvenes con el fin de ayudarles a hacer las
elecciones correctas en su noviazgo y matrimonio.
Los recopiladores han añadido en este libro las
circunstancias de trasfondo relacionadas con las personas involucradas, lo cual
aparece en la página que precede a cada carta. Algunas cartas largas se han
abreviado sin la indicación de puntos suspensivos. Por razones obvias, los
nombres han sido cambiados. En varios capítulos se han incluido consejos
adicionales; algunos de ellos extraídos de cartas.
No hay otro tiempo en la vida que sea tan importante para
recibir consejos al respecto, como cuando dos jóvenes están planeando unirse en
matrimonio. Puesto que el Señor te ama y desea que tengas vida eterna y y un
hogar feliz, la lectura de tan sólo una de estas cartas podrá ayudarte a
obtener ambas cosas.
El matrimonio—un anticipo del cielo
El calor de la verdadera amistad y
el amor que une los corazones del esposo y la esposa, es un goce anticipado del
cielo.Dios ordenó que haya perfecto amor y armonía entre los que contraigan
matrimonio.Que el esposo y la esposa se comprometan en la presencia del
universo celestial a amarse el uno al otro como Dios lo ordenó.—En Lugares
Celestiales, 204.
Un anticipo del cielo
El hombre no fue creado para que
viviese en la soledad; había de tener una naturaleza sociable. Sin compañía,
las bellas escenas y las encantadoras ocupaciones del Edén, no hubiesen podido
proporcionarle perfecta felicidad. Aun la comunión con los ángeles, no hubiese
podido satisfacer su deseo de simpatía y compañía. No existía nadie de la misma
naturaleza y forma a quien amar y de quien ser amado.Dios mismo dio a Adán una
compañera. Le proveyó de una “ayuda idónea para él”, alguien que realmente le
correspondía, una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría
ser una sola cosa con él en amor y simpatía. Eva fue creada de una costilla
tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía dominarlo
como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus plantas como un
ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser
amada y protegida por él. Siendo parte del hombre, hueso de sus huesos y carne
de su carne, era ella su segundo yo; y quedaba en evidencia la unión íntima y
afectuosa que debía existir en esta relación. “Porque ninguno aborreció jamás a
su propia carne, antes la sustenta y regala”. “Por tanto, dejará el hombre a su
padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne”. Efesios
5:29; Génesis 2:24.Dios celebró la primera boda. De manera que la institución
del matrimonio tiene como su autor al Creador del universo. “Honroso es en
todos el matrimonio”. Hebreos 13:3. Fue una de las primeras dádivas de Dios al
hombre, y es una de las dos instituciones que, después de la caída, llevó Adán
consigo al salir del paraíso. Cuando se reconocen y obedecen los principios
divinos en esta materia, el matrimonio es una bendición: salvaguarda la
felicidad y la pureza de la raza, satisface las necesidades sociales del hombre
y eleva su naturaleza física, intelectual y moral”.1.Historia de los
Patriarcas y Profetas, 26, 27.Al unir en matrimonio las manos de la santa
pareja diciendo: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su
mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24), dictó la ley del matrimonio para
todos los hijos de Adán hasta el fin del tiempo. Lo que el mismo Padre eterno
había considerado bueno era una ley que reportaba la más elevada bendición y
progreso para los hombres.2.El Discurso Maestro de Jesucristo, 57.
Haga que el romance perdure a través de la vida
matrimonial
No debierais decir una palabra ni realizar acción alguna que no quisiérais los ángeles viesen y anotasen en los libros del cielo. Debéis procurar sinceramente glorificar a Dios. Vuestro corazón debe tener únicamente aspectos puros, santificados, dignos de quienes siguen a Cristo, que sean de índole elevada y más celestial que terrenal. Cuanto difiere de esto degrada el noviazgo; y el matrimonio no puede ser santo y honroso a la vista de un Dios puro y santo, a menos que concuerde con los elevados principios de la Escritura.
