Leciones sobre la fe Ellet J. Waggoner y Alonzo T. Jones pdf | ADVENTISTA GO

Leciones sobre la fe Ellet J. Waggoner y Alonzo T. Jones pdf

Hacia finales del siglo pasado, el Señor envió un mensaje de justicia a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, mediante los pastores E.J. Waggoner, y A.T. Jones. Dicho mensaje se destacó en la Asamblea de la Asociación General de 1888 que tuvo lugar en Minneapolis, así como en las de la década que siguió. E. White lo identificó como el comienzo del fuerte clamor del tercer ángel, que alumbraría toda la tierra con su gloria. El fuerte clamor se habría de extender como el fuego en el rastrojo. ¿Qué le sucedió? El hecho de que estemos todavía esperando el regreso de Jesús un siglo después, es una evidencia abrumadora de que no se aceptó la luz.

En 1895 E. White advirtió que aquellos que rechazaban a los mensajeros delegados de Cristo y al mensaje que traían, estaban rechazando a Cristo. Algunos dijeron, "Eso es solamente excitación. No es el Espíritu Santo, ni aguaceros

3 de la lluvia tardía celestial". Hubo corazones llenos de incredulidad, que no se alimentaron del Espíritu. En 1901 escribió que debido a la insubordinación, podíamos tener que permanecer aquí, en este mundo, por muchos más años. (Evangelismo, p. 505).

Desde entonces han pasado más de 90 años. ¿Cuál es hoy nuestra actitud hacia el mensaje de justicia que Dios envió a través de los pastores Waggoner y Jones? ¿Estamos resistiendo esa luz?

¿Conocemos siquiera de qué se trata? En Testimonios para los Ministros, p. 91, se afirma que los pastores Waggoner y Jones fueron enviados con un precioso mensaje. En el mismo capítulo (p. 96), se formula la pregunta de hasta cuándo duraría el odio y el desprecio hacia los mensajeros de la justicia de Dios, y hasta cuándo sería rechazado el mensaje que Dios les encomendó. 

Viviendo por la fe:

"El justo vivirá por la fe" (Rom. 1:17).  

Esa declaración es el resumen de lo que el apóstol desea explicar acerca del evangelio. El evangelio es poder de Dios para salvación, pero solamente "a todo aquel que cree"; en el evangelio se revela la justicia de Dios. La justicia de Dios es la perfecta ley de Dios, que no es otra cosa que la transcripción de su propia recta voluntad. Toda injusticia es pecado, o transgresión de la ley. El evangelio es el remedio de Dios para el pecado; su obra, por consiguiente, debe consistir en poner a los hombres en armonía con la ley –esto es, que se manifiesten en sus vidas las obras de la ley justa–. Pero esa es enteramente una obra de la fe –la justicia de Dios se descubre "de fe en fe"–, fe al principio y fe al final, como está escrito: "el justo vivirá por la fe". 

Eso ha venido siendo así en toda época, desde la caída del hombre. Y lo seguirá siendo hasta que los santos de Dios tengan escrito su nombre en sus frentes, y lo vean como Él es. El apóstol tomó la cita del profeta Habacuc (2:4). Si los profetas no lo hubiesen revelado, los primeros cristianos no lo habrían podido conocer, ya que disponían solamente del Antiguo Testamento. Decir que en los tiempos antiguos los hombres no tenían sino una idea imperfecta de la fe, equivale a decir que no había ningún hombre justo en aquellos tiempos. Pero Pablo retrocede hasta el mismo principio y cita un ejemplo de fe salvífica. Dice: "Por la fe Abel ofreció a Dios mayor sacrificio que Caín, por la cual alcanzó testimonio de que era justo" (Heb. 11:4). Dice asimismo de Noé, que fue por fe que construyó el arca en la que fue salva su casa; "por la cual fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe" (Heb. 11:7). Se trataba de fe en Cristo, ya que era fe salvadora, y tenía que ser en el nombre de Jesús, "porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hech. 4:12).


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